Sonia Rincón: 2009

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jueves, 24 de diciembre de 2009

Los juguetes

En un estante, cubierto de polvo, aguarda un hermoso perro de madera, también hay un soldadito de plomo con el mosquete torcido, y un casco dorado y im camión sin ruedas, un tractor pequeño y otros muchos... ¡cacharros olvidados!

Hace años no eran cacharros, ¡todo lo contrario! Eran juguetes nuevos y el niño sólo quería jugar ocn ellos. Invitaba a sus amigos, hacía cabañas, inventaba historias con ellos.

Los juguetes estaban felices con su amo y, mientras dormía, le hacían compañía y velaban sus sueños, vigilantes.

Cuando el niño se apartaba de ellos, siempre les decía:

- No os preocupéis, volveré enseguida. ¡Y quedáos quietos sin hacer ruido!

Pero el tiempo pasa y las cosas cambian.

Un día el niño dejó de prestarles atención.

El niño ha crecido y tiene nuevos amigos. De hecho, ha pasado tanto tiempo... que a penas recuerda el día de Navidad en que se los trajeron.

Pero los juguetes viejos siguen esperando al niño que jugaba con ellos y sonríen en silencio, recordando la felicidad de las horas que pasaron con él.
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miércoles, 23 de diciembre de 2009

La noche antes de Navidad

Era Nochebuena, y toda la casa estaba en silencio. De la chimenea colgaban seis pares de calcetines. Los había rojos, azules y naranjas. El árbol lucía con velas y guirnaldas.

Todos esperábamos que llegase Papá Noel.

Mis hermanos pequeños aguardaban acurrucados en sus camas, casi sin respirar.

Se preguntaban si habían sido bastante buenos aquel año.

Mamá y yo, después de mucho ir y venir, nos estábamos preparando para ir a dormir.

Pero entonces en el jardín oí un gran estruendo. Miré por la ventana y aunque hacía mucho frío, la abrí y me asomé.

Una hermosa luna me sonrió; brillaba como un copo de nieve con una bombilla dentro.

Yo empecé a tiritar, pero no me importó, porque acababa de ver, en el cielo, un enorme trineo tirado por renos.

El cochero era un viejecito que reconocí de inmediato, con su traje rojo con la hevilla dorada...

¡Papá Noel! ¡Papá Noel! ¡Sí, era él!

Les gritaba a sus renos y repetía sus nombres:

- ¡Vamos allá, Destello y Relámpago! ¡Adelante, Traviesa, Danzarina y Cupido! ¡Tirad bien fuerte, Cometa y Saltador! ¡Llegad lejos, Trueno y Relámpago! ¡A la cima del mundo! ¡De prisa, de prisa, que los niños me esperan!

Y de pronto me di cuenta de que Papá Noel... ¡Iba a aparcar su trineo en mi tejado!

Por un momento pensé que debía despertar a mis hermanos, pero era mejor contárselo al día siguiente. Estaba tan feliz y tan excitado, que no me daba cuenta de que tiritaba de frío.

Los renos hacían cabriolas y saltos, y hasta me pareció que cantaban villancicos... ¡y que alguno desafinaba!

Cuando acabó mi sorpresa, seguí espiando, y puede ver de cerca a Papá Noel.

Llevaba unas enormes botas de piel y un abrigo rojo, con rebordes de pelo blanco.

Tenía la cara ancha como la luna, bastante barriga, y una barba muy larga, muy bien arreglada.

En la ropa se le veían restos de hollín y también cenizas.

Se colgó un saco de juguetes a la espalda, sin esfuerzo.

Le brillaban los ojos y también la nariz. Reía constantemente, como los hombres buenos, y se le hacían hoyuelos. De su boca pendía una pipa feliz, que colgaba descuidada de uno de los lados, él dejaba escapar humo de vez en cuando.

Entonces él me vio y me dedicó una enorme sonrisa. Al reír los ojos se le cerraban, me hizo un guiño:

- Sí, soy Santa Claus, no temas nada, niño.

Yo bajé descalzo a la sala, porque tenía que seguir espiándolo, y él, como si no me viera, realizó su trabajo, llenó los calcetines con muchos regalos, con dulces, gominolas, libros y cacharros.

Para mis hermanas, muñecas de trapo, y para mí los lápices que había deseado.

Acabado el trabajo, Santa Claus me sonrió de nuevo. Luego se atretó la tripa, la nariz se frotó, y sin más problemas, salió de la casa por la chimenea.

Le esperaba su trieneo, se sentó satisfecho, tocó su silbato y los renos se fueron volando de inmediato.

Pero al alejarse, le escuché exclamar:

- No te constipes, niño. Este año has sido bueno, no te has de preocupar, tu calcetín te espera lleno a rebosar. Vuélvete a la cama ¡y Feliz Navidad!
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martes, 22 de diciembre de 2009

Pollo con anchoas y curry

Ingredientes:

• 1 pollo
• 1 lata de anchoas
• 1 vaso de vino blanco
• 1 cucharada de curry
• 1 lata de piña
• 1/2 vasito de leche


• 2 dientes de ajo
• 1 cebolla
• 1/2 limón
• Aceite de oliva
• Pimienta y sal


Elaboración:

Partir el pollo en trozos (unos 8 trozos) y añadir la pimienta y la sal. Dorar en una cazuela los trozos de pollo y apartar.

En una sartén aparte freír la cebolla picada con un poco de aceite de oliva. Machacar los ajos y las anchoas, juntar con el vino blanco y echar sobre el pollo. Espolvorear con el curry y el zumo del limón sobre lo anterior. Trocear la piña y añadirla también. Tapar y dejar cocer, cuanto falten unos minutos añadir medio vasito de leche.

Trucos / Variantes: Se puede sustituir la piña por un plátano una manzana. El pollo entero puede sustituirse por 4 pechugas.
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Sopa de albóndigas

Tiempo estimado: 1 hora y media

Ingredientes:

• 1/2 kg de carne picada (cerdo, ternera o mezcla)
• 2 puñados de miga de pan.
• 1/2 vaso de leche.
• Perejil picado.
• 1 pizca de mejorana.
• Pimienta blanca.
• 1 cucharada de mantequilla.
• 2 huevos.
• 1 litro y medio de caldo de carne.
• 4 cucharadas de pan rallado.
• Sal.

Elaboración:

Poner sal a la miga de pan, colocarla en un bol y rociarla con leche tibia. Dejar una hora en remojo. Luego, escurrirla y reservar.

Mientras, en una sartén con mantequilla, freír la cebolla pelada y picada y le perejil. Cuando esté hecho, dejar enfriar.

En un bol, poner el pan, la mejorana, la cebolla y el perejil, añadir la carne picada, espolvorear con el pan rallado, añadir los huevos batidos y un chorro de leche y salpimentar. Amasar muy bien los ingredientes hasta conseguir que todo esté bien mezclado.

Formar las albóndigas con la mezcla y en una olla a fuego poner el caldo llevándolo a ebullición. Echar las albóndigas y dejarlo cocer a fuego lento unos 20 minutis. Las albóndigas estarán hechas cuando suban a la superficie. Servir en sopera, muy caliente.
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Filetes rusos

Tiempo estimado: 1 hora y cuarto

Ingredientes:

• 1 kg. de carne picada (cerdo, ternera o mezcla)
• 2 puñados de miga de pan.
• 2 huevos.
• 2 cebollas.
• 2 cucharadas de pan rallado.
• 2 cucharadas de mantequilla.
• 1 taza de nata líquida.
• Pimienta negra y sal.

Para la guarnición:

• 1 col lombarda.
• 250 grs. de bacon.
• 1 cucharada de mantequilla.
• 2 cebollas.
• 2 zanahorias.
• 1 hoja de laurel.
• 2 clavos.
• 1 cucharada de vinagre.
• 2 tazas de caldo de carne.
• pimienta negra y sal.

Elaboración:

Cortar la lombarda en tiras finas. Cortar el bacon en cuadraditos, la zanahoria en rodajas y pelar y picar finamente la cebolla.

Fundir la mantequilla en una cazuela y rehogar en ella la cebolla y el bacon. Añadir la zaahoria, el laurel, los clavos, la lombarda y el vinagre. Salpimentar y verter el caldo. Dejarlo cocer en la cazuela tapada durante una hora, hasta que la lombarda esté tierna.

Mientras tanto, mezclar en un bol la carne picada, la miga de pan previamente remojada en agua y bien escurrida, el huevo batido, la cebolla pelada y picada muy fina, la sal, la pimienta y un vaso de agua. Trabajar muy bien la masa. Formar ocho albóndigas (o más) aplanadas y gruesas y pasarlas por el pan rallado.

En una sartén, fundir la mantequilla y freír en ella los filetes hasta que estén bien tostados. Escurrirlos sobre un papel absorbente y reservarlos calientes.

Verter la nata en la sartén y darle vueltas para que se mezcle bien con la grasa y los jugos que soltó la carne- Cubrir la base de la fuente de servir con esta salsa y colocar encima los filetes rusos.

Presentarlo a la mesa con la lombarda como guarnición.
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Albóndigas en salsa verde



Duración estimada: 1 hora

Ingredientes:

• 1kg de carne picada (cerdo, ternera o mezcla)
• 2 huevos.
• 1 vaso de caldo de carne.
• 2 cucharadas de pan rallado.
• 1 cebolla.
• 2 dientes de ajo.
• aceite y perejil.
• sal y pimienta. 

Elaboración:

Mezclar la carne picada con el huevo y el pan rallado y salpimentar. Formar las albóndigas, pasarlas por harina y freírlas en aceite muy caliente hasta que estén hechas.

Poner una cazuela al fuego y verter medio vaso de aceite. Cuando esté caliente, rehogar en él la cebolla y el ajo, pelados y picados, y cuando empiecen a tomar color, agregar el perejil, también picado, y las albóndigas. Verter un vaso de caldo de carne y dejar que siga cociendo, a fuego suave, unos 10 minutos.

Servir muy caliente y en la misma cazuela. Puede servirse acompañado de arroz blanco. 
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Tortilla de patatas guisada

Ingredientes:

• 2 ó 3 patatas grandes
• 5 huevos.
• Sal, ajo, perejil, cebolla, condimento amarillo, aaceite, Starlux, laurel.

Elaboración:

Pelar y cortar las patatas en rodajas finas. Lavarlas y salarlas. Freírlas en la sartén con abundante aceite caliente.
Separar las yemas de las claras, batir las claras y agregar después las yemas. Batir todo junto.
Cuando las patatas estén blandas, sacarlas, escurrirlas y mezclarlas con los huevos batidos. Quitar el aceite dejando un poco y hacer la tortilla.
Machar el ajo y el perejil en un mortero. En una cazuela, poner agua con condimento amarillo, una cebolla sofrita previamente, el aceite del sofrito, la tortilla, el Starlux, el ajo y el perejil del mortero con una hoja de laurel.
Dejar cocer unos 10 minutos en la cazuela tapada.
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El último sueño del viejo roble

Adaptación del cuento de Hans Christian Andersen

Se acercaba el invierno. El viejo roble del bosque se quedó sin sus hojas, dispuesto a entregarse a su prolongado sueño. Desde siempre, todos los inviernos soñaba mucho. Ahora faltaba poco para Navidad y el roble tuvo su sueño más bello: cuanto había vivido en el curso de sus años desfiló ante él.

Fue como si un nuevo flujo de vida recorriese su tronco. Y cuanto más crecía el árbol, mayor era su bienestar. Rebasaba ya en mucho a las nubes y tocaba las estrellas.

Eran momentos de gran felicidad, y, sin embargo, en medio de su aventura sintió el roble el afán de que los restantes árboles del bosque pudieran compartir su dicha con él.

Y de ahí que el roble vio cómo crecían los demás árboles hasta alcanzar su misma altura.

- ¡Qué hermoso! - exclamó entusiasmado -. ¡Estoy rodeado de todos los árboles amigos! ¿Cómo es posible?

- En el Reino de Dios todo es posible - se oyó una voz.

Y el árbol, que seguía creciendo, sintió que las raíces se soltaban de la tierra.

- Esto es lo mejor de todo - exclamó el árbol -. Ya no me sujeta nada allá abajo. Puedo elevarme hasta el infinito en la luz y en la gloria. Y me rodean todos los que quiero... ¡Todos!

Éste fue el sueño del roble. Mientras soñaba, una tempestad se desencadenó en la noche de Navidad. El árbol fue arrancado de raíz mientras soñaba que sus raíces se desprendían del suelo.

La mañana de Navidad, la tempestad se había calmado.

- ¡No está el roble que nos señalaba la tierra! - gritaron los marinos -. Lo ha abatido la tormenta. ¿Quién lo sustituirá?

-Nadie podrá hacerlo - dijeron varias voces.

Y los tripulantes empezaron a cantar; se sentían elevados a su manera por el canto, como el viejo roble en su último sueño, el sueño más bello de su Nochebuena.
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lunes, 21 de diciembre de 2009

El Regalo de los Reyes Magos

Adaptación del cuento de O. Henry

Un dólar y ochenta y siete centavos. Eso era cuanto tenía. Había conseguido ahorrarlos con un esfuerzo terrible. Y al día siguiente era Navidad.

Delia se echó a llorar. Quería hacerle un buen regalo a su marido, Jim, James Dillingham Young, que ganaba veinte dólares a la semana.

Delia había pasado horas imaginando algo bonito para él. Se soltó el cabelle y lo dejó caer sobre sus hombros.

Los Dillingham poseían dos cosas, con orgullo: un reloj de oro que había sido del padre de Jim y antes de su abuelo; y la hermosa cabellera de Delia.

Delia salió a la calle y fue a una peluquería que compraba pelo para hacer pelucas. La dueña le ofreció veinte dólares. Tras el corte, recorrió la ciudad buscando un regalo para su esposo.

Por fin encontró una cadena de reloj de platino. Así Jim podría tirar su vieja correa. Pagó los veinte dólares y regresó a casa. Se arregló el cabello y empezó a preparar la cena de Navidad.

Jim no se retrasaba nunca. Delia oyó sus pasos en la escalera y palideció al pensar en su aspecto: "Dios mío, que le siga pareciendo bonita", murmuró para sí.

Jim llegó a casa, serio. Sólo tenía veintidós años ¡y una familia que mantener!

Miró a Delia con una expresión extraña, que su mujer no pudo interpretar, pero que la asustó.

- ¡Querido, no me mires así! - exclamó Delia al cabo de unos instantes que le parecieron eternos -. Me corté el pelo y lo vendí porque quería comprarte un regalo de Navidad. Crecerá de nuevo. Dime "Feliz Navidad" ¡No te imaginas qué regalo tengo para ti!

- ¿Te cortaste el pelo? - preguntó Jim, anonadado.

- Lo he vendido - dijo Delia -. Lo hice por ti, perdóname. Pero no hablemos más, amor. Ya crecerá. ¿Pongo la carne al fuego? - preguntó.

Jim sonrió y le entregó un paquete a su mujer.

- Delia, ningún corte de pelo haría que yo te quisiera menos. Pero si abres este paquete, entenderás mi desconcierto.

Delia retiró rápidamente el papel. Y tras un grito de alegría aparecieron las lágrimas y Jim tuvo que abrazarla.

Era el juego de peinetas de carey que Delia deseaba desde hacía meses. Por fin eran suyas... ¡Pero ahora no tenía trenzas!

La joven las oprimió contra su pecho y dijo:

- Mi pelo crecerá muy rápido!

Luego gritó:

- ¡Mira ahora tu regalo! Recorrí la ciudad para encontrar esta cadena. ¡Dame tu reloj!

Jim sonrió de nuevo:

- Delia, vendí mi reloj para comprarte las peinetas... ¡No pensemos en los regalos de Navidad! Y ve a poner la carne al fuego.

Y esta es la historia de dos jóvenes que sacrificaron el uno al otro lo más valioso que tenían.

Pero en realidad tenían una cosa más valiosa, su amor, y por ello sus regalos fueron magníficos, y ellos, unos Reyes Magos de verdad.
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domingo, 20 de diciembre de 2009

La Voz del Río

Cristóbal ayudaba a los viajeros a cruzar el río con su barca. Un día oyó una voz muy dulce que le llamaba. Un niño se le había acercado y pedía ayuda para ir a la otra orilla. Cristóbal lo colocó sobre sus hombros, tomo un varalpara que le sirviese de bastón y se metió decidido en el agua. Dejó la barca varada e inició la travesía.

De pronto, el nivel del agua empezó a subir. Y mientras subía, el niño parecía pesar cada vez más, como si su cuerpo se tornase de plomo, o como si portase una mochila invisible cargada de piedras. El niño le resultaba tan pesado y la corriente era tan poderosa que, al llegar a la mitad del río, Cristóbal se sintió desfallecer.

En verdad creía que iba a ahogarse.

Cristóbal estaba asustado y a penas le quedaban fuerzas, pero hizo un gran esfuerzo y consiguió atravesar el río.

Cuando alcanzó la otra orilla, dejó al chiquillo sano y salvo en el suelo, se dejó caer a su lado y con tono desfallecido, exclamó:

- ¡Ay, qué grave peligro hemos corrido! ¡Te tenía sobre mis hombros con más peso que si llevara encima el mundo entero!

- Cristóbal - respondió el niño -. Has dicho una gran verdad. Sobre tus hombros sostenías el mundo entero y también al Creador de ese mundo. Yo soy Cristo, tu rey. Me has ayudado y quiero recompensarte: cuando regreses a tu cabaña, después de cruzar de nuevo el río, junto a la puerta, clava el varal en el suelo.

Y dicho esto, el niño desapareció.

Cristóbal, asombrado, hizo lo que le pedían, y a su regreso clavó el varal ante su puerta.

Al día siguiente la seca vara se había transformado en una rama verde, rebosante de frutos.
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sábado, 19 de diciembre de 2009

El Príncipe Feliz

Adaptación del cuento de Oscar Wilde

La magnífica estatua del Príncipe Feliz se alzaba imponente sobre la ciudad. Estaba recubierta por láminas de oro; sus ojos eran dos zafiros y en el puño de la espada centelleaba un rubí. Todo en él era muy valioso, excepto el corazón, que era de plomo.

Una noche llegó volando una golondrina, que intentaba viajar hasta Egipto antes de que la atrapase el frío.

Cuando se refugió en la estatua, le cayó encima un goterón.

- ¡Qué raro! - exclamó -. No llueve.

Al alzar la vista, vio al Príncipe llorando.

- ¡Eres el Príncipe Feliz! ¿Por qué lloras?

- Cuando yo vivía, era feliz. Pero ahora que soy una estatua, me han puesto tan alto que puedo ver la miseria de mi ciudad, y eso me apena mucho. Allí veo a una madre con un niño enfermo que tiene fiebre. Le pide naranjas, pero ella no tiene dinero. Por favor, golondrina, llévale a la mujer el rubí de mi espada.

La golondrina, aunque tenía que volar a Egipto, le obedeció.

Luego el príncipe le pidió que le llevara un zafiro a un jóven escritor que pasaba hambre y frío en un desván. Así podría comprar comida y leña.

Ella cumplió el encargo, y quedó tan cansada que pospuso un día su viaje.

Cuando iba a reanudarlo, el Príncipe le pidió otro favor.

- En la plaza hay una niña que vende cerillas. Hoy no ha vendido ninguna y teme que la castiguen. No tiene zapatos. Llévale mi otro ojo de zafiro.

- No puedo arrancártelo... ¡Te quedarás ciego! - respondió la golondrina.

Pero el príncipe se lo suplicó y ella acabó haciéndolo. Al regresar a su lado le dijo:

- Príncipe, ahora que estás ciego, me quedaré contigo para que puedas ver con mis ojos.

La golondrina voló sobre la ciudad y contó los niños hambrientos; luego regresó junto al Príncipe para explicárselo.

- Mi estatua está toda recubierta de oro - le dijo el Príncipe - ¡Puedes sacarlo y llevárselo a los pobres!

La golondrina le obedeció y los niños tuvieron pan.

Llegó entonces el invierno y todo se cubrió de nieve. La golondrina tenía mucho frío, pero no quería abandonar al Príncipe. Una tarde comprendió que iba a morir.

- ¡Adiós, mi querido príncipe! - le susurró.

- Me alegra que por fin vayas a Egipto - respondió él.

Pero ella le besó en los labios y cayó muerta a sus pies.

En ese mismo instante, el corazón de plomo de la estatua se partió en dos.

A la mañana siguiente, el alcalde descubrió que la estatua estaba muy deteriorada.

- ¡El Príncipe Feliz parece un mendigo! ¡Y hay un pájaro muerto a sus pies!

Y mandó fundir la estatua.

- ¡Qué raro! - dijo el encargado de la fundición -. Este corazón de plomo no quiere fundirse.

Y lo tiró al basurero donde yacía la golondrina muerta.

Entonces sucedió algo prodigioso: un ángel bajó del cielo para recoger el corazón de plomo y el pájaro muerto.

Dios le había pedido que trajera las dos cosas más hermosas que encontrase en la ciudad.
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viernes, 18 de diciembre de 2009

Canción de Navidad

Adaptación del cuento de Charles Dickens

En el día de Nochebuena, en su tienda en el centro del viejo Londres, Ebenezer Scrooge estaba tan malhumorado como de costumbre.

Su sobrino fue a verle, le deseó una Feliz Navidad y le preguntó:

- ¿Vendrás a cenar con nosotros, tío?

- ¡Bah, paparruchas! - gruñó Scrooge -. ¡Vete de aquí, a mí la Navidad no me interesa!

El pobre Cratchit, un esforzado oficinista que trabajaba a las órdenes de Scrooge, se atrevió a preguntarle:

- Mañana es fiesta, ¿verdad, señor?

Scrooge refunfuñó. Era muy avaro y le molestaba tenerle que pagar un día sin que acudiera al trabajo, incluso si era Navidad. Además, él odiaba esas fiestas.

Aquella noche, al acostarse, Scrooge oyó que alguien arrastraba unas cadenas... De pronto vio frente a él al fantasma de Marley, quien había sido su socio hasta su muerte, tan avaro como él.

- ¡Scrooooooge - gimió el espectro -, he venido a advertirte! Como no corrijas tu actitud, tendrás un final tan triste como el mío. Esta noche de Navidad tres espíritus vendrán a tu encuentro... ¡Escúchalos!

Ebenezer Scrooge se asustó, pero estaba tan cansado que acabó quedándose dormido en su lecho.

Cuando el reloj dio la una, el viejo Scrooge se despertó, asustado y aterido. Forzó la mirada en la oscuridad y se encontró con un espíritu que le decía:

- ¡Soy el fantasma de las Navidades de Tiempos Pasados! ¡Sígueme!

El fantasma le cogió de la mano y llevó a Scrooge a las Navidades de tiempos lejanos, cuando él todavía tenía un corazón tierno, no triste y helado. Vio a su jefe y a su hermana.

Recordó que en otros tiempos era un hombre más feliz.

Al final no pudo soportarlo: su corazón había cambiado demasiado. Scrooge le pidió al espectro que volvieran a casa.

De nuevo en la cama, tiritando de nuevo, Scrooge descubrió otro espíritu. Éste era mucho más joven.

- Soy el fantasma de las Navidades Presentes, y te voy a enseñar algunas imágenes hermosas. Ven conmigo.

Lo llevó al hogar de Cratchit. Allí estaba toda la familia celebrando la fiesta, pese a sus pocos recursos, y cantaban felices.

- ¡Que Dios nos bendiga! - gritó alegremente Tim, el hijo cojo de Cratchit.

Scrooge quedó impresionado ante aquella alegría. Quería hacer algo, pero entonces apareció el tercer espíritu... ¡Era espantoso y mantenía un silencio que le erizaba los pelos de miedo!

Era el fantasma de las Navidades Futuras.

Lo condujo, sin decir palabra, hasta el cementerio y allí le mostró una tumba llena de flores. ¡Era del pequeño Tim!

No muy lejos estaba la tumba de Scrooge, abandonada.

El monstruo lo condujo entonces a la ciudad, donde pudo oír las habladurías de las gentes.

- El viejo avaro ha muerto; y nadie le ha llorado - decían.

Cuando el fantasma se fue, Scrooge se arrodilló y dio gracias a Dios por haberle concedido aquella oportunidad para cambiar. Entonces se despertó. ¡Todo había sido un sueño!

Pero la lección estaba aprendida, corrió a la ventana y constató que todavía era Navidad.

Tenía tiempo para enmendarse. Salió a comprar un pavo y pidió que lo enviaran a casa de los Cratchit. Luego compró un montón de regalos y corrió a casa de su sobrino.

Gracias a aquellos tres espíritus navideños, el amor había regresado al seco corazón de Scrooge, que se había convertido en un hombre generoso.

Y su sobrino lo recibió con cariño, como si todos aquellos años de avaricia y mal humor nunca hubieran existido.
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jueves, 17 de diciembre de 2009

El Roscón de Reyes

A María le había dejado muy impresionada el relato de la matanza de los santos inocentes. Le habían contado la historia del nacimiento de Jesús y ella no dejaba de pensar en la maldad del rey Herodes y en los pobres niños que mandó matar.

Sus papás deseaban tranquilizarla explicándole que el cuchillo de los sicarios del rey nada podía contra las almas de los niños y se les ocurrió una manera muy dulce de hacerlo:

- Vamos a cocinar un roscón con una figurilla dentro. El cuchillo pasará sobre el roscón hasta encontrar el muñeco, pero cuando lo haga, no podrá cortarlo...

Así lo hicieron, y prepararon una enorme y apetitosa rosca cuajada de frutas escarchadas con una sorpresa en su interior.

- ¡Qué bueno! - exclamó María al ver aquel extraño pastel.

- Y guarda una sorpresa - añadió el padre, misteriosamente.

Entonces empezaron a repartir los trozos y, de pronto, la niña encontró en el suyo una figurilla de cerámica...

- Eres la reina - dijo su madre, y sacó una cinta dorada y se la puso en el pelo.

Luego hablaron a María de la inmensidad del alma y del gran poder del amor.

Y la niña entendió que todas las personas somos reyes y que hay algo muy valioso en nuestro interior que nada ni nadie puede dañar.
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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Equivalencias de medidas

Correspondencias de unidades:

1. Medidas de capacidad:
*2 cucharadas soperas = 8 drams = 1 onza
*1 libra= 450 g
*1 pinta= en EE.UU 0.47 litros, en G.B 0.57 litros.
*1 onza= 28.35 gramos

2. Medidas de longitud:
*1 pulgada = 2.3 cm
*1 pie = 30.5 cm

1. Medidas de capacidad:
*1 mínima (min)
*1 dram de fluido (drm fl)= 60 mínimas
*1 onza de fluido(oz fl)= 8 drams de fluido
*1 pinta (O)= 20 onzas de fluido
*1 galón (C)= 8 pintas


2. Medidas de masa:
*1 onza (oz)= 437.5 granos
*1 libra (lb)= 16 onzas (7.000 granos).

3. Pesos boticarios y medidas de masa:
*1 grano (gr)
*1 scruple (ei)= 20 granos
*1 dram (dr)= 3 scruple (60 granos)
*1 onza (oz)= 8 drams (480 granos)
*1 libra (lb)= 12 onzas (5.760 granos).


Medidas por tazas y cucharadas:

1.Líquidos:
*1 taza= 250 ml
*1/2 taza= 125 ml
*1 cucharada sopera= 10 ml
*1 cucharadita de postre= 4-5 ml.
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jueves, 10 de diciembre de 2009

Pasta con leche

Ingredientes:

• 250 gr. de pasta.
• 1 sobre de queso parmesano rallado.
• 1 vaso de leche.
• 1 cucharada de mantequilla.
• Sal y pimienta blanca.

Elaboración:

Hervir la pasta en abundante agua con sal, hasta que esté "al dente". Escurrirla y mezclarla con la leche y la mitad del queso. Añadir un poco de pimienta.
Ponerla en una bandeja para hprnp, espolvorear con el resto del queso, repartir la mantequilla en trocitos y gratinar unos minutos a fuego fuerte.
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Filetes a la crema

Tiempo estimado: 20 minutos

Ingredientes:

• 4 filetes.
• 200 gr. de champiñones (opcional).
• Nata líquida (un bote pequeño).
• 50 gr. de mantequilla.
• 1 copita de cognac.
• Sal y pimienta.

 Elaboración:

Sazonar la carne con sal y pimienta. Lavar y limpiar los champiñones y cortarlos en láminas muy finas. En una sartén poner la mantequilla y dorar en ella las escalopas por ambos lados. Retirar la sartén del fuego y verter la copa de cognac y flambear. Poner la sartén al fuego y añadir los champiñones, freírlos unos minutos y agregar la nata. Dejar cocer a fuego suave durante unos cinco minutos. Pasar los filetesa una fuente de servir, verter la salsa por encima y acompañar con arroz blanco.
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Panecillos de queso a las finas hierbas

Tiempo estimado: 15 minutos


Ingredientes:

• 4 rebanadas de pan de molde.
• 6 quesitos (o Philadelphia).
• 1 huevo duro.
• Finas hierbas (perejil, estragón, cebollino).
• Sal y pimienta.

Elaboración:

Sazonar ligeramente los quesitos o el Philadelphia con sal y pimienta y mezclarlo con las finas hierbas. Untar las rebanadas de pan con la mezcla y espolvorear por encima el huevo duro, previamente rallado.
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Pan con tomate

Tiempo estimado: 10 minutos

Ingredientes:

• 4 lonchas de jamón de York
• 4 rebanadas de pan
• 2 tomates maduros
• Aceite y sal

Elaboración:

Partir los tomates por la mitad. Untar el pan con el tomate hasta que la pulpa enrojezca por completo el pan. Rociarlo con un poquito de aceite (sin llegar a bañarlo) y salarlo ligeramente. Colocar encima las lonchas de jamón de York.

Variantes: Puede sustituírse el jamón de York por cualquier otro embutido: chorizo, salchichón, mortadela... Combina muy bien con el queso, atún, lomo...
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Albóndigas con salchichas y berenjenas

Tiempo estimado: 50 minutos

Ingredientes:

• 1/2 kg de carne picada (cerdo, ternera o mezcla)
• 3 salchichas
• 1 berenjena
• 1 pastilla de caldo de carne
• 1 huevo
• 2 puñados de miga de pan (pan bimbo duro)
• 1/2 kg de tomates
• 1 cebolla
• 1 cucharada de perejil
• 1/2 vaso de vino
• 1 vaso de leche
• aceite, harina, sal y pimienta.

Elaboración:

Mezclar la carne con la miga de pan (previamente remojada en leche y escurrida), el huevo batido y el perejil picado y sazonar con sal y pimienta. Formar las albóndigas, pasarlas por harina y freírlas en abundante aceite caliente.
Cortar las berenjenas en discos no muy gruesos, pasarlos por harina y freírlos en el mismo aceite donde se frieron las albóndigas.

Pelar y rallar la cebolla, o cortarla en cuatro trozos. En una cazuela con cuatro cucharadas de aceite, ponerla a rehogar y, antes de que tome color, agregar los tomates picados (o salsa de tomate) y el vino. Dejarlo cocer al mínimo unos 20 minutos. Añadir la pastilla de caldo disuelta en un vaso de agua, las berenjenas, las albóndigas y las salchichas. Dejarlo cocer todo junto, con la cazuela tapada y a fuego suave unos 10 minutos.
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viernes, 20 de noviembre de 2009

El Rey y la Mendiga


Cuentan que había una vez un rey muy apuesto que estaba buscando esposa.

Por su palacio pasaron todas las mujeres más hermosas del reino y de otros más lejanos; muchas le ofrecían además de su belleza y encantos muchas riquezas, pero ninguna lo satisfacía tanto como para convertirse en su reina.

Cierto día llegó una mendiga al palacio de este rey y con mucha lucha consiguió una audiencia.

"No tengo nada material que ofrecerte, sólo puedo darte el gran amor que siento por ti" le dijo al rey,-"puedo hacer algo para demostrarte ese amor".

Esto despertó la curiosidad del rey, quien le pidió que le dijera qué sería eso que poda hacer.

-"Pasaré 100 días en tu balcón, sin comer ni beber nada, expuesta a la lluvia, al sereno, al sol y al frío de la noche. Si puedo soportar estos 100 días, entonces me convertirás en tu esposa"-.

El rey, sorprendido más que conmovido, aceptó el reto. Le dijo:
-"Acepto. Si una mujer puede hacer todo esto por mí, es digna de ser mi esposa"-

Dicho esto, la mujer empezó su sacrificio.

Comenzaron a pasar los días y la mujer valientemente soportaba las peores tempestades....muchas veces sentía que desfallecía del hambre y el frío, pero la alentaba imaginarse finalmente al lado de su gran amor. De vez en cuando, el rey asomaba la cara desde la comodidad de su habitación para verla y le hacía señas de aliento con el pulgar. Así fue pasando el tiempo... 20 días... 50 días... La gente del reino estaba feliz, pues pensaban - ¡¡¡Por fin tendremos una reina!!! ... 90 días....y el rey continuaba asomando su cabeza de vez en cuando para ver los progresos de la mujer. -"Esta mujer es increíble" pensaba para sí mismo y volvía a darle aliento con señas.

Al fin llegó el día 99 y todo el pueblo empezó a reunirse en las afueras del palacio para ver el momento en que aquella mendiga se convertiría en esposa del rey. Fueron contando las horas... ¡¡¡A las 12 de la noche de ese día tendrían reina!!! ... La pobre mujer estaba muy desmejorada, habia enflaquecido mucho y contraído enfermedades.

Entonces sucedió. A las 11:00 de la noche de aquel día 99, faltando apenas una hora para que llegara el día 100, la valiente mujer se rindió y decidió retirarse de aquel palacio. Dio una triste mirada al sorprendido rey y sin decir ni media palabra, se marchó.

¡¡¡La gente estaba conmocionada!!!. Nadie podía entender por qué aquella valiente mujer se había rendido faltando ¡¡¡tan sólo 1 hora para ver sus sueños convertidos en realidad!!!. ¡¡¡Había soportado tanto!!!

Al llegar a su casa, su padre se había enterado ya de lo ocurrido. Le preguntó:

-"¿Por qué te rendiste a tan sólo instantes de ser la reina?", y ante su asombro, ella respondió:

-"Estuve 99 días y 23 horas en su balcón, soportando todo tipo de calamidades y no fue capaz de liberarme de ese sacrificio. Me veía padecer y sólo me alentaba a continuar, sin mostrar siquiera un poco de piedad ante mi sufrimiento. Esperé todo este tiempo un atisbo de bondad y consideración que nunca llegaron. Entonces entendí: una persona tan egoísta, desconsiderada y ciega, que sólo piensa en sí misma, no merece mi amor."

MORALEJA: Cuando ames a alguien y sientas que para mantener a esa persona a tu lado tienes que sufrir, sacrificar tu esencia y hasta rogar... aunque te duela, retírate. Y no tanto porque las cosas se tornen difiíciles, sino porque quien no te haga setir valorada/o, quien no sea capaz de dar lo mismo que tú, quien no puede establecer el mismo compromiso, la misma entrega... simplemente no te merece.
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lunes, 9 de noviembre de 2009

Albóndigas con patatas

Tiempo estimado: 1 hora

Ingredientes:

• 600 grs. de carne picada (mezcla)
• 1 kg. de patatas
• 50 grs. de miga de pan
• 1/2 vaso de leche
• 1 huevo
• 1 diente de ajo
• 1 cucharadita de perejil picado
• 1 cebolla
• 1 copa de jerez
• Harina, azafrán (o condimento amarillo), aceite y sal.

Elaboración:

Poner la miga de pan a remojar en la leche y luego escurrirla bien. En un bol, mezclar la carne con el ajo y el perejil picados, el huevo y la miga de pan. Sazonar y trabajar la mezcla hasta conseguir una pasta suave. Formar las albóndigas, pasarlas por harina y freírlas en abundante aceite caliente. Ponerlas en una cazuela.
En la sartén donde se frieron las albóndigas, dejar 3-4 cucharadas del aceite utilizado y rehogar en él la cebolla pelada y picada. Añadir una cucharadita de harina, dejar que dore un poco y añadir el jerez, medio litro de agua, el azafrán y la sal.

Dejar cocer a fuego lento unos 15 minutos y verter esta salsa sobre las albóndigas. Añadir las patatas, peladas y cortadas del mismo tamaño que las albóndigas, y dejar cocer todo junto hasta que las patatas estén tiernas.
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Bocadillos


• Hay salsas preparadas para aderezar los bocadillos. El exceso de salsa anula el sabor del contenido del bocadillo.

• El bocadillo es una buena solución cuando no hay tiempo o para comer fuera de casa. Pero el pan engorda mucho. No abusar.

• Tras preparar el bocadillo, gratinarlo unos minutos para tostarlo un poco. Partirlo a la mitad y servirlo inmediatamente. Queda crujiente y delicioso.

• Al emplear pan de barra, untar en la miga un tomate partido a la mitad, salarlo y echarle un poco de aceite. Queda más jugoso y el sabor del queso/embutido se realza.

• Al emplear pan de molde, untar las rebanadas con un poco de mantequilla o mahonesa. Queda más sabroso.

• Al hacer bocadillos para comer fuera de casa, envolverlos en plástico transparente de cocina. Estarán como recién hechos al comerlos. También, envueltos así, pueden conservarse en la nevera hasta el día siguiente.

• En una fiesta infantil lo ideal es el pan de molde, bollos de pastelería o brioches, porque los niños comen mejor el pan blando que el duro.

• Los bocadillos de carne quedan más sabrosos untando el pan con mantequilla. También pueden aderezarse con una loncha de queso fundido o con un poco de cebolla previamente rehogada en un poco de mantequilla.

• Las baguettes son ideales para comer rellenas de queso o paté.

• El pan de molde permite hacer pisos, con sabores consistentes en cada uno de ellos.

• El pan de pita de rellena de carne y ensalada.
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Batidos


• El secreot de un buen batido radica en que quede un poquito espumoso. Esto se logra manteniendo el combinado en la batidora un par de minutos más.

• Distribuir los batidos llenando los vasos hasta la mitad y luego rellenándolos, repartiendo la espuma entre los vasos.

• Pueden acompañarse con un poco de nata montada por encima y de adorno un barquillo o una galleta. Puede espolvorearse con cacao en polvo.

• Los batidos son una merienda que encanta a los niños y les alimenta.

• Si un batido de frutas queda muy ácido, aumentar la proporción de azúcar. Si, por el contrario, queda excesivamente dulce, agregar un poco de zumo de limón.

• Servir los batidos en unos vasos de cristal previamente mojados y puestos en el congelador una media hora (para que el agua se ocngele). Resulta un recipiente muy atractivo y conserva el batido fresco por más tiempo.

• Los batidos de plátano pueden quedar demasiado espesos y dulces, como una papilla. Pueden aligerarse añadiéndoles agua con un poco de leche y reduciendo la proporción de azúcar. Resultarán más sabrosos y serán menos indigestos.
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Albóndigas



• No hacer las albóndigas ni muy grandes (se corre el riesgo de que se queden crudas por dentro) ni muy pequeñas (se freirán demasiado y quedarían resecas). Tamaño ideal: entre una pelota de futbolín y una de ping-pong.

• Si se preparan las albóndigas en una cazuela de barro, pueden servirse directamente en ella, con una presentación bonita y práctica, ya que el barro aguanta más tiempo el calor.

• Si se acompañan las albóndigas con una salsa, pueden prepararse con bastante antelación y terminar de cocinarlas poco antes de servirlas en la mesa.

• El arroz hervido o una ensalada del tiempo son buenas guarniciones para las albóndigas.
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Albóndigas al curry

Tiempo estimado: 45 minutos


Ingredientes:

• 1 kg de carne picada  (1/2 de cerdo y 1/2 de ternera)
• 1 cebolla
• 1 manzana
• 1/2 litro de caldo de carne
• 2 huevos
• 1 vaso de nata líquida
• 1 cucharadita de curry
• Mantequilla, harina, sal, pimienta, aceite
• Vino blanco (opcional)

Elaboración:

En una sartén con mantequilla, dorar la cebolla y la manzana, peladas y picadas. Espolvorear con el curry y mezclarlo bien. Verter el caldo de carne y el vino blanco, salpimentar y dejar cocer a fuego muy lento 30 minutos.

En un bol, mezclar la carne con los huevos, añadir una cucharadita de harina, la mitad de la nata y salpimentar. Preparar las albóndigas, pasarlas por harina y freírlas en aceite.

Retirar del fuego la salsa, añadir el resto de la nata líquida. Remover bien y verter sobre las albóndigas.

Puede servirse acompañado de arroz hervido.
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jueves, 15 de octubre de 2009

Cocido de garbanzos y arroz



Ingredientes:

• 400 gr de arroz
• 2 pastillas de caldo de pollo
• 2 dientes de ajo
• Sal
• Aceite
• 1/2 cucharadita de pimentón
• 200 gr. de garbanzos
• 1 poco de canela en polvo

Elaboración:

Cocer los garbanzos (remojados de la noche anterior) con las dos pastillas de caldo. En una cazuela de barro, echar el aceite y rehogar en él los ajos muy picados, agregando el pimentón. Agregar el arroz y sofreir un poco. Agregar el agua de la cocción de los garbanzos (debe ser el doble que de arroz). Echar canela en polvo y agregar los garbanzos.

Meter la cazuela al horno unos 20 minutos.
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viernes, 2 de octubre de 2009

Pasta a la Milanesa

Duración estimada: Media hora


Ingredientes:




• 300 gr. de pasta

• 2 ó 3 tomates

• 50 gr. de mantequilla

• 1 cucaradita de orégano

• 1 cucharadita de azúcar

• 40 gr. de queso rallado (tipo parmesano)

• 50 gr. de aceitunas negras

• 1 cucharada de alcaparras

• 4 filetes de anchoas

• Pimienta negra y sal


Elaboración:


Cocer la pasta en abundante agua hirviendo con sal, hasta que esté al dente. Mientras, triturar los tomates (un vaso de tomates triturados) para sofreírlos en una sartén con mantequilla (o aceite). Dejar sofreis y al final agregar el azúcar. Salpimentar al gusto y espolvorear con orégano. Añadir las aceitunas deshuesadas, las alcaparras y las anchoas picadas y mezclarlo todo.


Poner la pasta en una fuente, añadir la salsa de tomate y adornarlo al gusto, espolvoreando queso rallado.


Servir bien caliente.
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La Sirenita (Hans Christian Andersen)


Si ayer hablaba de la versión de Disney de La Sirenita, hoy traigo el cuento original de Hans Christian Andersen. Ppersonalmente a mí me gusta más...


En el fondo del más azul de los océanos había un maravilloso palacio en el cual habitaba el Rey del Mar, un viejo y sabio tritón que tenía una abundante barba blanca. Vivía en esta espléndida mansión de coral multicolor y de conchas preciosas, junto a sus hijas, cinco bellísimas sirenas.

La Sirenita, la más joven, además de ser la más bella poseía una voz maravillosa; cuando cantaba acompañándose con el arpa, los peces acudían de todas partes para escucharla, las conchas se abrían, mostrando sus perlas, y las medusas al oírla dejaban de flotar.

La pequeña sirena casi siempre estaba cantando, y cada vez que lo hacía levantaba la vista buscando la débil luz del sol, que a duras penas se filtraba a través de las aguas profundas.

-¡Oh! ¡Cuánto me gustaría salir a la superficie para ver por fin el cielo que todos dicen que es tan bonito, y escuchar la voz de los hombres y oler el perfume de las flores!

-Todavía eres demasiado joven -respondió la abuela-. Dentro de unos años, cuando tengas quince, el rey te dará permiso para subir a la superficie, como a tus hermanas.

La Sirenita soñaba con el mundo de los hombres, el cual conocía a través de los relatos de sus hermanas, a quienes interrogaba durante horas para satisfacer su inagotable curiosidad cada vez que volvían de la superficie. En este tiempo, mientras esperaba salir a la superficie para conocer el universo ignorado, se ocupaba de su maravilloso jardín adornado con flores marítimas. Los caballitos de mar le hacían compañía y los delfines se le acercaban para jugar con ella; únicamente las estrellas de mar, quisquillosas, no respondían a su llamada.

Por fin llegó el cumpleaños tan esperado y, durante toda la noche precedente, no consiguió dormir. A la mañana siguiente el padre la llamó y, al acariciarle sus largos y rubios cabellos, vio esculpida en su hombro una hermosísima flor.

-¡Bien, ya puedes salir a respirar el aire y ver el cielo! ¡Pero recuerda que el mundo de arriba no es el nuestro, sólo podemos admirarlo! Somos hijos del mar y no tenemos alma como los hombres. Sé prudente y no te acerques a ellos. ¡Sólo te traerían desgracias!

Apenas su padre terminó de hablar, La Sirenita le di un beso y se dirigió hacia la superficie, deslizándose ligera. Se sentía tan veloz que ni siquiera los peces conseguían alcanzarla. De repente emergió del agua. ¡Qué fascinante! Veía por primera vez el cielo azul y las primeras estrellas centelleantes al anochecer. El sol, que ya se había puesto en el horizonte, había dejado sobre las olas un reflejo dorado que se diluía lentamente. Las gaviotas revoloteaban por encima de La Sirenita y dejaban oír sus alegres graznidos de bienvenida.

-¡Qué hermoso es todo! -exclamó feliz, dando palmadas.

Pero su asombro y admiración aumentaron todavía: una nave se acercaba despacio al escollo donde estaba La Sirenita. Los marinos echaron el ancla, y la nave, así amarrada, se balanceó sobre la superficie del mar en calma. La Sirenita escuchaba sus voces y comentarios. “¡Cómo me gustaría hablar con ellos!", pensó. Pero al decirlo, miró su larga cola cimbreante, que tenía en lugar de piernas, y se sintió acongojada: “¡Jamás seré como ellos!”

A bordo parecía que todos estuviesen poseídos por una extraña animación y, al cabo de poco, la noche se llenó de vítores: “¡Viva nuestro capitán! ¡Vivan sus veinte años!” La pequeña sirena, atónita y extasiada, había descubierto mientras tanto al joven al que iba dirigido todo aquel alborozo. Alto, moreno, de porte real, sonreía feliz. La Sirenita no podía dejar de mirarlo y una extraña sensación de alegría y sufrimiento al mismo tiempo, que nunca había sentido con anterioridad, le oprimió el corazón.

La fiesta seguía a bordo, pero el mar se encrespaba cada vez más. La Sirenita se dio cuenta en seguida del peligro que corrían aquellos hombres: un viento helado y repentino agitó las olas, el cielo entintado de negro se desgarró con relámpagos amenazantes y una terrible borrasca sorprendió a la nave desprevenida.

-¡Cuidado! ¡El mar...! -en vano la Sirenita gritó y gritó.

Pero sus gritos, silenciados por el rumor del viento, no fueron oídos, y las olas, cada vez más altas, sacudieron con fuerza la nave. Después, bajo los gritos desesperados de los marineros, la arboladura y las velas se abatieron sobre cubierta, y con un siniestro fragor el barco se hundió. La Sirenita, que momentos antes había visto cómo el joven capitán caía al mar, se puso a nadar para socorrerlo. Lo buscó inútilmente durante mucho rato entre las olas gigantescas. Había casi renunciado, cuando de improviso, milagrosamente, lo vio sobre la cresta blanca de una ola cercana y, de golpe, lo tuvo en sus brazos.

El joven estaba inconsciente, mientras la Sirenita, nadando con todas sus fuerzas, lo sostenía para rescatarlo de una muerte segura. Lo sostuvo hasta que la tempestad amainó. Al alba, que despuntaba sobre un mar todavía lívido, la Sirenita se sintió feliz al acercarse a tierra y poder depositar el cuerpo del joven sobre la arena de la playa. Al no poder andar, permaneció mucho tiempo a su lado con la cola lamiendo el agua, frotando las manos del joven y dándole calor con su cuerpo.

Hasta que un murmullo de voces que se aproximaban la obligaron a buscar refugio en el mar.

-¡Corran! ¡Corran! -gritaba una dama de forma atolondrada- ¡Hay un hombre en la playa! ¡Está vivo! ¡Pobrecito...! ¡Ha sido la tormenta...! ¡Llevémoslo al castillo! ¡No! ¡No! Es mejor pedir ayuda...

La primera cosa que vio el joven al recobrar el conocimiento, fue el hermoso semblante de la más joven de las tres damas.

-¡Gracias por haberme salvado! -le susurró a la bella desconocida.

La Sirenita, desde el agua, vio que el hombre al que había salvado se dirigía hacia el castillo, ignorante de que fuese ella, y no la otra, quien lo había salvado.

Pausadamente nadó hacia el mar abierto; sabía que, en aquella playa, detrás suyo, había dejado algo de lo que nunca hubiera querido separarse. ¡Oh! ¡Qué maravillosas habían sido las horas transcurridas durante la tormenta teniendo al joven entre sus brazos!

Cuando llegó a la mansión paterna, la Sirenita empezó su relato, pero de pronto sintió un nudo en la garganta y, echándose a llorar, se refugió en su habitación. Días y más días permaneció encerrada sin querer ver a nadie, rehusando incluso hasta los alimentos. Sabía que su amor por el joven capitán era un amor sin esperanza, porque ella, la Sirenita, nunca podría casarse con un hombre.

Sólo la Hechicera de los Abismos podía socorrerla. Pero, ¿a qué precio? A pesar de todo decidió consultarla.

-¡...por consiguiente, quieres deshacerte de tu cola de pez! Y supongo que querrás dos piernas. ¡De acuerdo! Pero deberás sufrir atrozmente y, cada vez que pongas los pies en el suelo sentirás un terrible dolor.

-¡No me importa -respondió la Sirenita con lágrimas en los ojos- a condición de que pueda volver con él!

¡No he terminado todavía! -dijo la vieja-. ¡Deberás darme tu hermosa voz y te quedarás muda para siempre! Pero recuerda: si el hombre que amas se casa con otra, tu cuerpo desaparecerá en el agua como la espuma de una ola.

-¡Acepto! -dijo por último la Sirenita y, sin dudar un instante, le pidió el frasco que contenía la poción prodigiosa. Se dirigió a la playa y, en las proximidades de su mansión, emergió a la superficie; se arrastró a duras penas por la orilla y se bebió la pócima de la hechicera.

Inmediatamente, un fuerte dolor le hizo perder el conocimiento y cuando volvió en sí, vio a su lado, como entre brumas, aquel semblante tan querido sonriéndole. El príncipe allí la encontró y, recordando que también él fue un náufrago, cubrió tiernamente con su capa aquel cuerpo que el mar había traído.

-No temas -le dijo de repente-. Estás a salvo. ¿De dónde vienes?

Pero la Sirenita, a la que la bruja dejó muda, no pudo responderle.

-Te llevaré al castillo y te curaré.

Durante los días siguientes, para la Sirenita empezó una nueva vida: llevaba maravillosos vestidos y acompañaba al príncipe en sus paseos. Una noche fue invitada al baile que daba la corte, pero tal y como había predicho la bruja, cada paso, cada movimiento de las piernas le producía atroces dolores como premio de poder vivir junto a su amado. Aunque no pudiese responder con palabras a las atenciones del príncipe, éste le tenía afecto y la colmaba de gentilezas. Sin embargo, el joven tenía en su corazón a la desconocida dama que había visto cuando fue rescatado después del naufragio.

Desde entonces no la había visto más porque, después de ser salvado, la desconocida dama tuvo que partir de inmediato a su país. Cuando estaba con la Sirenita, el príncipe le profesaba a ésta un sincero afecto, pero no desaparecía la otra de su pensamiento. Y la pequeña sirena, que se daba cuenta de que no era ella la predilecta del joven, sufría aún más. Por las noches, la Sirenita dejaba a escondidas el castillo para ir a llorar junto a la playa.

Pero el destino le reservaba otra sorpresa. Un día, desde lo alto del torreón del castillo, fue avistada una gran nave que se acercaba al puerto, y el príncipe decidió ir a recibirla acompañado de la Sirenita.

La desconocida que el príncipe llevaba en el corazón bajó del barco y, al verla, el joven corrió feliz a su encuentro. La Sirenita, petrificada, sintió un agudo dolor en el corazón. En aquel momento supo que perdería a su príncipe para siempre. La desconocida dama fue pedida en matrimonio por el príncipe enamorado, y la dama lo aceptó con agrado, puesto que ella también estaba enamorada. Al cabo de unos días de celebrarse la boda, los esposos fueron invitados a hacer un viaje por mar en la gran nave que estaba amarrada todavía en el puerto. La Sirenita también subió a bordo con ellos, y el viaje dio comienzo.

Al caer la noche, la Sirenita, angustiada por haber perdido para siempre a su amado, subió a cubierta. Recordando la profecía de la hechicera, estaba dispuesta a sacrificar su vida y a desaparecer en el mar. Procedente del mar, escuchó la llamada de sus hermanas:

Sirenita! ¡Sirenita! ¡Somos nosotras, tus hermanas! ¡Mira! ¿Ves este puñal? Es un puñal mágico que hemos obtenido de la bruja a cambio de nuestros cabellos. ¡Tómalo y, antes de que amanezca, mata al príncipe! Si lo haces, podrás volver a ser una sirenita como antes y olvidarás todas tus penas.

Como en un sueño, la Sirenita, sujetando el puñal, se dirigió hacia el camarote de los esposos. Mas cuando vio el semblante del príncipe durmiendo, le dio un beso furtivo y subió de nuevo a cubierta. Cuando ya amanecía, arrojó el arma al mar, dirigió una última mirada al mundo que dejaba y se lanzó entre las olas, dispuesta a desaparecer y volverse espuma.

Cuando el sol despuntaba en el horizonte, lanzó un rayo amarillento sobre el mar y, la Sirenita, desde las aguas heladas, se volvió para ver la luz por última vez. Pero de improviso, como por encanto, una fuerza misteriosa la arrancó del agua y la transportó hacia lo más alto del cielo. Las nubes se teñían de rosa y el mar rugía con la primera brisa de la mañana, cuando la pequeña sirena oyó cuchichear en medio de un sonido de campanillas:

Sirenita! ¡Sirenita! ¡Ven con nosotras!

-¿Quiénes son? -murmuró la muchacha, dándose cuenta de que había recobrado la voz-. ¿Dónde están?

-Estás con nosotras en el cielo. Somos las hadas del viento. No tenemos alma como los hombres, pero es nuestro deber ayudar a quienes hayan demostrado buena voluntad hacia ellos.

La Sirenita, conmovida, miró hacia abajo, hacia el mar en el que navegaba el barco del príncipe, y notó que los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras las hadas le susurraban:

-¡Fíjate! Las flores de la tierra esperan que nuestras lágrimas se transformen en rocío de la mañana. ¡Ven con nosotras! Volemos hacia los países cálidos, donde el aire mata a los hombres, para llevar ahí un viento fresco. Por donde pasemos llevaremos socorros y consuelos, y cuando hayamos hecho el bien durante trescientos años, recibiremos un alma inmortal y podremos participar de la eterna felicidad de los hombres -le decían.

-¡Tú has hecho con tu corazón los mismos esfuerzos que nosotras, has sufrido y salido victoriosa de tus pruebas y te has elevado hasta el mundo de los espíritus del aire, donde no depende más que de ti conquistar un alma inmortal por tus buenas acciones! -le dijeron.

Y la Sirenita, levantando los brazos al cielo, lloró por primera vez.

Oyéronse de nuevo en el buque los cantos de alegría: vio al Príncipe y a su linda esposa mirar con melancolía la espuma juguetona de las olas. La Sirenita, en estado invisible, abrazó a la esposa del Príncipe, envió una sonrisa al esposo, y en seguida subió con las demás hijas del viento envuelta en una nube color de rosa que se elevó hasta el cielo.



FIN

Otra película:



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jueves, 1 de octubre de 2009

La Sirenita


Todos los que me conocen saben que La Sirenita es mi película preferida de Disney. A día de hoy aún me pregunto si será Ariel la culpable de que las mujeres pelirrojas de ojos claros (como Alyson Hannigan) me parezcan tan hermosas y perfectas. De la historia de Ariel salieron otras dos películas más Regreso al Mar y El Origen de Ariel pero, yo me quedo con la primera.

La saga comienza con Ariel cumpliendo dieciséis años y olvidándose de asistir a su fiesta pública en la que tenía que cantar. Su padre, el Rey Tritón se enfada con ella porque siempre está en las nubes y deseando conocer a los humanos quienes, según él, son muy peligrosos. Ariel, enfadada, se va y ve un barco que naufraga y rescata al príncipe Eric quien, casualmente, también cumple años. Ella se enamora de él y él sólo recordará la dulce voz de una mujer que le cantó en la orilla del mar tras rescatarlo...


Hasta ahí os cuento de la primera por si hay gente que no conoce la historia. Ya en la segunda película, Melody, la hija de Ariel es amenazada por Morgana, una Bruja del Mar malvada por lo que Ariel decide que es mejor para su hija nunca estan junto al mar. El problema surge cuando Melody crece y... ¡el mar la dascina! Sueña con ser una sirena y no comprende por qué su madre tiene tanto miedo del mar...


Y por último, en la tercera película, retrocedemos a la infancia de Ariel, y así conocemos a Athena, su madre que desapareció un día tras divisar un barco. No se sabe si la capturaron, si huyó, si murió... sólo que a Athena le gustaba cantar y bailar y que Tritón prohíbe en Atlántida la música. Ariel se rebela a su padre, sin comprender por qué prohíbe algo que a ella tanto le gusta...

Ya si comparamos la película de Disney con el cuento de Hans Christian Andersen, nos llevamos sorpresas a tutiplén. Empezando por el final, que nada tiene que ver con el happy end que Disney nos ofrece.

Unos vídeos de las películas:








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miércoles, 30 de septiembre de 2009

María, el hada de los ojos de gitana


María es la niña de los ojos de gitana; tiene seis años, el pelo lleno de caracoles y acaba de llegar al Real Colegio de las Hadas.

Es hija de un duende del Bosque de los Deseos y de un hada de Primavera y, aunque también nació hada como su madre, igual que cualquier niña de su edad, tiene que ir al colegio para aprender un montón de cosas.

El primer día de colegio, María estaba entusiasmada con la fiesta de bienvenida que habían preparado las alumnas veteranas: por todas partes había hadas lanzando sus polvos para hacer figuras en el cielo, hadas cantando con voces mágicas que parecían flautas, hadas que volaban haciendo surcar grandes cintas doradas y, lo que más impresionó a María, hadas que con sus varitas mágicas hacían caer estrellas de colores que brillaban por encima de todo el colegio.

De pronto, se oyó hablar al Hada Directora por un micrófono:

- Queridas alumnas del Real Colegio de las Hadas, sed bienvenidas al nuevo curso. Como habéis visto, en la entrada hay un gran árbol que nos protege y nos quía: es el Árbol de la Vida. Todo aquello que queramos conseguir debemos encomendárselo para que lo encontremos en nuestra propia vida. Por ello, las niñas que habéis llegado hoy al colegio por primera vez tenéis que escribir en un papel el hada que os gustaría ser, doblarlo y enterrarlo entre las raíces del Árbol de la Vida antes de que termine la fiesta.

María tenía claro que no le gustaría ser un hada de Primavera como su madre, siempre pintando flores y más flores, tan cursis. Además, las hadas de Primavera son siempre pequeñitas y estaba ya muy alta para su edad. Ella lo que quería era sacar estrellitas de colores de su varita mágica, como hacían esas hadas tan guapas en la fiesta, pero no sabía qué tipo de hadas eran para poderlo anotar. Entonces, una alumna veterana se acercó con una cesta de nubes ofreciendo papeles y lapiceros a las nuevas para que escribieran el hada que querían ser y María aprovechó y le preguntó:

- Oye, ¿tú saber qué hadas son esas de las varitas mágicas que lanzan estrellas de colores?

- Ja, ja, ja - respondió la alumna veterana -. Está claro que es tu primer año; eso no son estrellas, es nieve, y se hace con frío.

- Muchas gracias - contestó María muy contenta. Ahora ya sabía qué hada quería ser, así que sin pensarlo mucho, lo escribio en el papel, lo dobló y lo enterró entre las raíces del Árbol de la Vida, convencida de que así podría lanzar estrellitas de nieve con su varita mágica.

Al día siguiente, tenían su primera clase práctica de filosofía de la vida y María estaba muy nerviosa y emocionada. Por la noche, mientras se lavaban los dientes, unas alumnas mayores le contaron que el primer día tomarían una pócima mágica. Sus padres siempre decían que ella todavía era muy pequeña para tomar ni un sorbito y, ahora, por fin, iba a probarla.

Empezó la clase y el Hada Sofía, profesora de filosofía de la vida, empezó a hablar:

- Ayer escribisteis en un papel el hada que queríais ser y lo enterrasteis entre las raíces del Árbol de la Vida. Eso quiere decir que todo aquello que queráis cosechar en la vida lo tenéis que sembrar, regar y cuidar; que seréis lo que os propongáis ser, siempre que os dediquéis a ello y os empeñéis en aprender. Hoy vamos a hacer un experimento para que cada una aprenda la primera lección de la filosofía de su vida. Tomaréis una pócima mágica, sólo una cucharada. Ya sabéis que no debéis probarla nunca si no os la ofrece un hada graduada. Con esta pócima, durante media hora seréis el hada que ayer deseasteis ser. Cuanso se pase el efecto, comentaremos lo que habéis aprendido cada una.

El Hada Sofía fue mesa por mesa dando a todas las alumnas una cucharada de un líquido verde que burbujeaba dentro de una caracola. De pronto, todas se empezaron a transformar y un gran revuelo de gritos, risas y llantos inindaron el aula.

Una niña chillaba presa del pánico:

- Tengo miedo de la oscuridad; por favor, Hada Sofía, yo no quiero ser un hada de la Luna.

La profesora se acercó a ella, movió su varita mágica sobre la niña y, cuando consiguió que esta dejara de ser hada de la Luna, le dijo:

- Espero que hayas aprendido la lección: no puedes llegar a ser lo que deseas sin antes vencer tus miedos. El miedo nos paraliza y tienes que superarlo para poder ser una buena hada de la Luna.

Otra alumna cercana requería la atención de la profesora: no paraba de estornudar, estaba roja como un tomate y parecía que se ahogaba. El Hada Sofía no dudó en mover de nuevo su varita mágica para que cesase el efecto de la pócima. Cuando la niña empezó a respirar con normalidad, la profesora le preguntó:

- Pero, ¿qué te ha pasado?

- Snif, snif - lloraba la niña - nunca podré ser un hada de la Primavera; tengo alergia al polen.

- Oh, querida alumna - la consoló la profesora -, espero que tú también hayas aprendido la primera lección de la filosofía de tu vida: no se puede desear ser algo que está fuera de nuestro alcance; no todas podemos ser vualquier tipo de hada. A mí también me hubiese gustado ser hada de Primavera, pero ya ves, con lo gorda que estoy, si tengo que vestirme de flores cada día, cualquier año no quedamos sin primavera y pasamos directamente del invierno al verano.

A su lado, otra niña con el pelo muy largo y muy rubio también lloraba:

- Rubita, guapa, ¿qué te ocurre a ti?

- Que a mí no me gusta estar en el agua.

- Y, ¿qué escribiste en el papel? - le preguntó la profesora.

- Que quería ser una ninfa, pero yo no sabía lo que era. Vi el aula de preparación para ninfas y pensé que lo de "ninfa" sonaba muy bien.

La profesora movió su varita para que cesara en la niña rubia el efecto de la pócima y le dijo:

- ¡Ufff! Una ninfa es un hada de Agua. Tu primera lección será que no hay que desear algo sin saber lo que se desea.

- Profe, profe, yo tampoco quiero ser esta hada; no me gusta tener las orejas puntiagudas y no consigo caminar - gritaba otra niña de dos mesas más atrás.

- Vaya, ¿y tú qué escribiste en el papel? - le preguntó el Hada Sofía.

- Puse que quería ser faerie, pero no sé lo que es; me lo dijo la niña que tenía al lado porque yo no sabía qué poner - respondió la niña.

La profesora de nuevo movió su varita mágica y, cuando la niña volvió a su estado normal, le dijo:

- Las faeries son hadas del Aire. Espero que hayas aprendido tu primera lección: no debes guiarte ciegamente por nadie; tú sola has de decidir tu futuro y, para ello, primero tienes que estudiar mucho para saber a conciencia lo que quieres en la vida.

Así pasó casi toda la media hora que duraba el efecto de la pócima, hasta que el Hada Sofía vio al final de la clase un iglú, como una casita d ehielo, y dentro, a María, temblando de frío y mirándola fijamente con sus ojitos de gitana. La profesora se acercó a la niña, movió su varita mágicay, en cuanto el iglú desapareció, escuchó que María decía:

- Yo sólo quería lanzar estrellas de colores con mi varita mágica.

- A ver, ¿puedes escribirnos en la pizarra lo que pusiste en el papel?

María, aún temblando, fue hasta la pizarra y escribió:

"QUIERO SER HELADA DE FRÍO"

La profesora se acercó sonriendo a la pizarra y corrigió lo que había escrito María, de manera que se leía:

"QUIERO SER EL HADA DEL FRÍO"

- Bueno, las hadas del frío en realidad son las hadas del Invierno. Seguro que con el resfriado que habrás pillado hoy no olvidarás tu primera lección. La ortografía, escribir bien las palabras, es muy importante, pero también es importante usar bien los artículos, esas palabras pequeñas como "el" o "un" que representan a las palabras más grandes, como "hada" o "frío". Recuerda que muchas veces, en la vida como en las palabras, lo realmente importante está en lo que nos parece más pequeño e insignificante y que, para transmitirle al Árbol de la Vida con exactitud qué queremos ser, tenemos que aprender a escribir correctamente. Imagina que un día te da por pedirle al Árbol de la Vida que quieres morirte de risa en una guerra de "almo Hadas". Nos vemos todas las hadas metidas en una guerra absurda contra otras, todas peleadas, y seguro que a ti tampoco te gustaría eso.

- No, no, claro que no - respondió María - prometo que estudiaré muy bien todas las letras para aprender a escribir perfectamente.

Desde entonces, María no paró de estudiar lengua y ortografía, esa asignatura que antes le parecía tan aburrida y que ahora empezaba a parecerle un juego divertido, hasta que llegó el día de final de curso. El Hada Directora entregaba las calificaciones finales a las alumnas y las condecoraciones a las más aplicadas:

- Queridas alumnas, estoy muy orgullosa de vosotras. La mayoría ha conseguido parar de curso y algunas de vosotras habéis demostrado vuestra capacidad e interés en ser unas buenas hadas el día de mañana. Entre ellas, quiero destcar a una principalmente. La condecoración número uno es para María, la niña de los ojos de gitana, porque no sólo ha empezado a ser una excelente hada de Invierno, como ella quería, sino que además ha estudiado tanto la asignatura de lengua y ortografía que se está convirtiendo en un hada especial: de su varita mágica consigue sacar nieve, pero no con forma de estrellas, sino con forma de letras que se juntan en palabras en el aire para convertirse en acertados consejos para todos los que le escriban (¡sin faltas!) pidiendo su ayuda.

A partir de entonces, María, el hada de los ojos de gitana, estudió tanto las palabras que se convirtió en el Hada de Invierno Escritora de Consejos, a quien acuden todos los humanos cuando tienen dudas para que ella haga que nieven letras brillantes que les ayuden a tomar siempre la mejor decisión.

Maena García Estrada
Puede que a simple vista parezca un sencillo cuento de hadas para niños, para inculcarles unos principios y animarles a estudiar pero, encierra unas lecciones válidas para cualquiera que lo lea.

Resumiendo, nos dice:

No puedes llegar a ser lo que deseas sin antes vencer tus miedos
No se puede desear ser algo que está fuera de nuestro alcance
No hay que desear algo sin saber lo que se desea.
Tú solo has de decidir tu futuro.
En la vida, lo realmente importante está en lo que nos parece más pequeño e insignificante.
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viernes, 4 de septiembre de 2009

Sangría


Ingredientes:

• 1 litro de vino tinto (barato)
• 1 litro de gaseosa
• 1 chupito de ginebra o brandy
• 100 gr. de azúcar
• 1 melocotón
• 1 naranja
• 1 manzana en trozos
• 1 corteza de limón

Elaboración:

Mezclar los ingredientes y remover. Enfriar para servir muy frío.
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miércoles, 26 de agosto de 2009

Salmón con nata

Tiempo estimado: 45 minutos


Ingredientes:

• 400 gr. de medallones de salmón
• 150 gr. de champiñones laminados
• 200 ml de nata líquida
• 1 cebolla pequeña
• 2 dientes de de ajo
• 1 chorro de aceite oliva
• 1 pizca de sal
• Harina
• 1 pellizco de pimienta

Elaboración:

En una sartén rehogar los ajos y la cebolla picada. Cuando estén dorados, añadir los champiñones. Dejar que se hagan un poco y echar la nata líquida con dos cucharadas de agua. Cocinar todo durante cinco minutos.

Mientras, enharinar los medallones de salmón y salpimentarlos. Hacerlos a la plancha.

Una vez preparados, colocarlos en una fuente para horno, echar por encima la salsa, anteriormente preparada y hornear, a 180º unos 10 minutos.

Nota: Yo no tenía champiñones y agregué pasta tricolor y también queda muy rico.
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Cerdo al curry


Ingredientes:

• ½ k de aguja de cerdo en trozos
• 1 cucharadita de curry
• 3 cucharadas de coco rallado
• 1 cucharada de harina
• caldo de carne
• aceite
• pimienta
• sal
Elaboración:

Poner a dorar los trozos de carne en una cazuela con aceite, junto con la harina, el curry, un chorrito de caldo y un poco de pimienta.

Dejar cocer hasta que la carne esté casi tierna, y añadir entonces el coco, dejándolo cinco minutos más.

Servir caliente, junto con la salsa.
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Crêpes en salsa

Tiempo estimado: 1 hora
Ingredientes:

• 125 grs. de harina
• 2 huevos
• 1 1/2 vaso de leche
• 20 grs. de mantequilla
• Sal
• Más mantequilla para freír

Para el relleno:

• 1/2 kg de carne picada (mezcla, cerdo o ternera)
• 100 gr. de mortadela
• 2 huevos cocidos
• Queso rallado
• Mantequilla
• Aceite

Para la salsa:

• 350 gr. de tomates maduros (o un tazón de salsa de tomate)
• 1 cebolla
• 1 apio
• 1 zanahoria
• perejil
• 1 pastilla de caldo de carne
• aceite
• Pimienta

Elaboración:

Mezclar en un bol dos huevos, la harina, la leche, la mantequilla y un poco de sal hasta conseguir una crema fina y homogénea.

Fundir en una sartén un poco de mantequilla, vertir dos o tres cucharadas del preparado anterior, procurando cubrir todo el fondo y dorar la crêpe por ambos lados.

Preparar del mismo modo el resto de las crêpes. Preparar la salsa, lavando y triturando las verduras. En una sartén con un poco de aceite, sofreírlas ligeramente. Añadir el tomate triturado (o salsa de tomate), la pastilla de caldo previamente desleída en agua caliente y dejar cocer todo junto a fuego muy lento durante unos 20 minutos.

En una sartén grande con mantequilla, freir la carne picada y, una vez hecha, retirarla y dejar enfriar. Añadir la mortadela y los huevos cocidos cortados en trocitos muy pequeños, un poco de queso rallado y salpimentar al gusto.

Rellenar con este preparado las crêpes, enrrollándolas y sirviéndolas acompañadas de la salsa por encima.
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Tortilla soufflé dulce

Tiempo estimado: 20 minutos

Ingredientes (para 4 personas):

• 4 yemas de huevo
• 30 gr. de mantequilla
• 50 gr. de azúcar glasé
• 5 claras de huevo
• 4 cucharaditas de mermelada de frambuesa (o fresa)
• Frambuesas (o fresas) enteras para el adorno

Elaboración:

Batir las yemas con el azúcar hasta que estén bien cremosos. Aparte, montar las claras de huevo a punto de nieve e incorporarlas con cuidado a las yemas batidas.

En una sartén, fundir la mantequilla, echar la mezcla anterior y dejar cocer la tortilla hasta que se cuaje y se dore por abajo. Después, meter la sartén en el grill y dejar que se dore su parte superior. Finalmente, retirar la tortilla de la sartén con ayuda de una espátula, cubrir la mitad de la superficie con la mermelada y doblarla, adornando con azúcar glasé y las frambuesas (o fresas) frescas.

Con chocolate:

Sustituir la mermelada por chocolate deshecho y, si se prefiere, añadir un chorrito de licor tipo Grand Marnier.

Con ron: Es el licor más clásico para perfumar las tortillas dulces, aunque también se puede usar Kirsch, jerez, cognac, anís, curaçao...
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