Sonia Rincón: enero 2013

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viernes, 18 de enero de 2013

Vestidos del Mundo II


Estas Navidades han sido muy moviditas para mis niñas. A algunas les pagué viajes a lugares que querían visitar y volvieron encantadas. Ebony fue la primera en irse, hizo las maletas y se fue a la India donde visitó Nueva Delhi donde se compró varias joyas y se hizo tatuajes de henna en las manos en el mismo sitio donde se hizo con un precioso sari blanco con choli dorado. ¡Creo que no se hzo el típico bindi porque descubrió que lo llevan las mujeres casadas! Estuvo en el Himalaya, visitó el Taj Mahal, se bañó en el río Ganges al pasar por Benarés y compró de todo en un bazar de Bombay. Pasó un calor sofocante en el desierto de Dhar y dio paseos en elefante llevados por conacas - domadores y conductores de elefantes. Le fascinó ver cómo un encantador de serpientes hacía danzar a las cobras y pudo ver cómo los habitantes del país adoraban a las vacas.


Nimueh se fue a conocer Egipto, tenía muchas ganas de ver con sus propios ojos las famosas pirámides y el Museo Egipcio de El Cairo para contemplar momias, sarcófagos, jeroglíficos, enormes esculturas de faraones y muchos otros tesoros. Nada más llegar, dio un paseo en faluca por el Nilo y buceó por el Mar Rojo. Se dejó un dineral en el bazar de El Cairo. Montó en camello por el desierto hasta el oasis de Al Fayum. La Gran Esfinge de Giza y las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino consiguieron emocionarla y hacerla sentir como si fuera una minúscula hormiguita. Visitó, por supuesto, la ciudad de Luxor y el templo de Abu Simbel, mandado construir por Ramsés II en honor de su esposa Nefertari. Tras tanta arquología, fue a la ciudad balneario de Sharm El Sheik, en la peníndula del Sinaí.


Amber es de las mías, amante de las rancheras y los mariachis, de la cultura maya y de México en general por lo que allá que se fue a pasar las Navidades, ¡qué envidia! Se compró un vestido blanco y un sombrero charro precioso para pasear por Puerto Vallarta y Ciudad de México donde visitó el Palacio Nacional, la Catedral, la casa azul, la casa-museo de Frida Kalho, el Zócalo... Disfrutó de las playas de Acapulco -donde vio a varios clavadistas saltando al mar desde los acantilados... Vio las cascadas de Agua Azul en Chiapas y se bañó en las playas del Caribe. Hizo una ruta por las ruinas mayas en la península del Yucatán y subió a lo alto de la pirámide de Kukulcán en la antigua ciudad de Chichén Itzá, contando los 365 escalones. Hizo miles de fotos a todo y, algo que le impresionó fue la estatua de Chac Mool, altar maya donde hacían sus ofrendas. La ciudad amurallada de Tulum fue un sitio que la cautivó y disfrutó ucho viendo la ceremonia de los pájaros voladores de Papantla, hombres que vuelan alrededor de un tronco sujetos solo por la cintura con una cuerda. Y, el último día, como despedida, se empachó a base de burritos, tacos, frijoles, guacamole...


Janet quiso probar algo nuevo y desconocido para todas nosotras y se fue a Nigeria, concretamente a Lagos donde admiró las casas con porches donde una se podía sentar a beber un poco de limonada fresca en las tardes de calor. Paseó por ríos en canoa y pinasa, contempló paisajes de manglares, lagunas y marismas y casi se muere del susto cuando vio los cocodrilos. Fue a ver varios parques naturales (Gashaka, Gumti, Yankari, Cross River...) y vio un espectáculo de danza tradicional. Probó el ñame, una especie de patata dulce que le pareció deliciosa. Compró piezas de bronce artesanales en Benin City, trabajadas del mismo modo que los yorubas lo hacían anteriormente. Hizo turismo por la montaña, subiendo al monte Chappal Wasi, el más alto del país. Visitó Kano, la capital del antiguo imperio Hausa con murallas de adobe y vio también la mezquita y el palacio del emir. Paseó por el bosque sagrado de la ciudad de Oshogbo y admiró los templos dedicados a los dioses yoruba.


Crysta siempre ha sentido predilección por el helenismo y, en cuanto le di el billete para volar a Grecia, me comió a besos. No lo dudó y su primera parada fue el templo de Zeus y la ciudad de Olimpia donde ensayaban para la celebración del encendido de la antorcha olímpica. Vio los monasterios de Meteora, construídos en lo alto de las rocas. Visitó un montón de ruinas: Micenas, donde tardó en encontrar los leones de la Puerta de los Leones; Epidauro, donde se puso a cantar en medio del teatro; Atenas, donde vio el cambio de guardia en la plaza Syntagma... Visitó la Acrópolis y el templo del Partenón y de Apolo. En las calles del abarrotado barrio de Plaka se atrevió a bailar el sirtaki y después de esa experiencia, decidió conocer algunas de las más de dos mil islas griegas: Creta, Mikonos, Rodas, Santorini... Dio un paseo en barco por el estrechísimo canal de Corinto y disfrutó de un crucero por el mar Egeo parando en la isla de Kálimnos donde compró esponjas recogidas del fondo del mar. Conoció a un chico tocano el bouzouki y se compró uno, ahora dice que quiere aprender a tocarlo...


Kayala se fue a Dinamarca, donde nació Christian Andersen, su escritor de cuentos favorito. Nada más bajar del avión tomó un taxi para hacer cola ante la estatua de La Sirenita y hacerse una foto con ella, ¡es su cuento preferido! Y después se fue hasta Odense a ver la casa donde nació Andersen hace más de 200 años. Dio largos paseos en bici por los hermosos parques de Copenhague, descubrió sus muchos canales e hizo fotos a las casitas de colores, haciendo un alto en el barrio de Nyhavn. Se sintió como una princesa ante el castillo de Frederiksborg, construído en el S. XVI y que se reflejaba en las aguas del lago Hillerod. Con acopio de todas sus fuerzas, subió los 400 escalones hasta lo alto de la torre de la iglesia de Nuestro Señor para poder tener una magnífica vista de toda la ciudad. En Roskilde Fykart descubrió la historia de los vikingos, antiguos pobladores de Dinamarca donde pudo navegar en un barco vikingo. Ahí habían reconstruído un poblado vikingo con su casa comunal, su granero y su muralla y vio cico barcos vikingos en el museo. Fue a Legoland en la ciudad de Billund donde disfrutó como una enana y disfrutó de los paisajes de Skagen, formado por dunas que van a parar al mar. Se compró joyas de ámbar y varias figuras de cerámica y regresó a casa encantadísima.


Christie se fue a Colombia, siempre le ha gustado aprender bailes nuevos y últimamente le dio por la cumbia... Ya desde el avión, aterrizando en Bogotá, pudo contemplar las cumbres de los Andes pero, lo que más la sorprendió fue encontrar casas coloniales e iglesias antiguas entre todos aquellos rascacielos, llenó una mochila con papayas, guayabas, plátanos, una sandía y alguna piña y se fue hacia San Agustín, pasando por los Andes, donde vio los antiquísimos restos de una misteriosa cultura de la que  a penas se sabe nada. En la selva del Amazonas contempló plantas que no existen en otro lugar y animales únicos, como el puma, el tucán, el mono ardilla... ¡y hasta dio un paseo en canoa! Fue a las playas de Cartagena de Indias y paseó por las murallas que rodeaban la ciudad. Hizo rafting en el río fonce y terminó su visita a este país en una hacienda cafetera donde compró varios tipos de café que luego nos regaló.


Janet tuvo doble viaje porque a su regreso, una amiga la invitó a ir a Venezuela unos días a visitarla así que, dejó lo que acababa de comprar en la Nigeria y se fue de nuevo. Llegó allí en Nochebuena y la esperaban con un plato de hallaca, un pastel de maíz rellenos de carne y verduras, típico del país. El día de Navidad visitó Caracas, una ciudad que le pareció sacada de una película de Ciencia Ficción, con todos aquellos rascacielos. Los rascacielos gemelos de Parque Central tienen 225 metros de altura y 59 pisos y son los segundos más altos de Sudamérica. Se lo pasó de lujo en las playas de la costa venezolana y en el viaje en ferry desde Puerto de la Cruz. En la ciudad de Coro sintió que volvía 500 años atrás por sus casitas y otras construcciones y le pareció curioso que bajo las aguas del lago Maracaibo hubiese reservas de petróleo. Disfrutó en el Parque Nacional Canaima viendo tepuyes, mesetas rocosas de millones de años de antigüedad con paredes verticales y cimas planas y escalando el monte Roraima, el tepuy más alto del parque. Visitó el Salto del Ángel, la catarata más alta del mundo, con sus 1.002 metros de altura que cae desde lo alto de un tepuy y el ruido que provoca es ensordecedor. Vio plantas carnívoras, jaguares, osos hormigueros, armadillos gigantes, tapires, guacamayos y muchos otros animales más. Pudo ver en Ciudad Guayana el Paso a nado de los ríos Orinoco y Caroní, travesía que se hace una vez al año en el tramo en el que se unen ambos ríos.
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